Mitos del culturismo: Verdades absolutas que nunca lo fueron

Uno de los grandes problemas del novato en el gimnasio es tratar de absorber tanta información contradictoria como te llega.

Cuando no sabes absolutamente nada sobre entrenamiento y nutrición, estás permanentemente con tus oidos bien abiertos tratando de absorber ideas que te marquen el camino correcto.

Quieres lograr resultados, y hacerlo lo antes posible. Y crees que escuchar a los veteranos te ayudará.

De inicio no es un mal planteamiento. Ellos ya han logrado el cuerpo que tú quieres lograr y llevan mucho tiempo entrenando.

Algo deben saber, ¿No?

Pues lamentablemente, ni siquiera ellos son una fuente 100% fiable.

¿La razón? El culturismo está lleno de mitos, tanto en relación a la nutrición como al entrenamiento, que sobreviven al paso de los años, y que hasta personas con una dilatada experiencia siguen creyendo como verdades absolutas.

Para evitar que toda esta información errónea siga propagándose y ralentizando los resultados de quienes la creen, contamos con dos grandes aliados: la ciencia y el sentido común.

Con estas herramientas es con las que vamos a tratar de acabar con muchos de estos mitos del culturismo, medias verdades o directamente creencias falsas que seguramente habrás escuchado más de una vez.

¿Preparado para empezar la labor de derribo?

Pues vamos allá.

Aquí van algunas de las aseveraciones poco rigurosas que se han convertido en dogma de fe dentro del mundo de los gimnasios y con alguna que otra creencia muy extendida entre quienes no los han pisado nunca.

Mito nº1: Las repeticiones bajas son mejores para tamaño y las altas para recortar.

Párate un momento a pensar en los grandes campeones culturistas. En periodo de volumen se les ve inmensos, enormes y tapados.

Pero cuando llega el momento de subir al escenario lucen un grado de definición máximo.

¿De verdad crees que para lograr ese cambio han pasado de mover grandes pesos a hacer series ligeritas de 25 repeticiones?

No. No es el número de repeticiones lo que determina tu apariencia. Es la dieta.

El aspecto que muestran en un momento u otro de la temporada lo marca la cantidad de grasa que cubre su músculo.

El crecimiento muscular se basa en una adaptación progresiva a estímulos cada vez mayores. Pero si el proceso se produce a la inversa, el cuerpo se adapta igualmente.

¿Qué significa esto? Que si tus músculos trabajan con pesos cada vez mayores crecerán. Y si lo hacen con pesos cada vez más pequeños, disminuirán.

El cuerpo es un organismo vivo en constante adaptación ante los desafíos que se le presentan.

Por lo tanto, aumentar las repeticiones y bajar el peso no te permite lucir más definido. Te hará tener músculos más resistentes y más pequeños. Porque el desafío al que los sometes no está relacionado con la fuerza y el tamaño, sino con la resistencia.

Y si no necesitan ser grandes para vencer ese desafío. ¿Qué necesidad tienen de mantener su tamaño actual?

Así que destierra desde ya esa idea.

¿Quieres lograr un aspecto más definido? Cambia tu dieta, no tu entrenamiento.

Mito nº2: Comer muchos huevos es perjudicial

Seguro que has escuchado que puedes comer tantas claras de huevo como quieras, pero que has de tener cuidado con las yemas.

El motivo de esta precaución es, supuestamente, que un consumo elevado de éstas puede incrementar los niveles de colesterol y por tanto, favorecer la aparición de enfermedades coronarias.

Bien, pues olvídalo. La ciencia ya ha demostrado que por muchas yemas o huevos completos que comas, tu corazón no se verá afectado.

No se trata de un estudio aislado.

Todos sabemos que igual que se publican estudios que afirman una cosa, al día siguiente puede publicarse otro sosteniendo la contraria.

Se trata de tomar todos los estudios que se han hecho en relación al consumo de huevos y el riesgo de enfermedad coronaria y poner sus conclusiones a examen, como han hecho aquí.

¿Resultado? Después de tomar en consideración todos los estudios llevados a efecto no hay una sola prueba que avale la relación entre ambos factores.

El huevo es una de las fuentes de proteína más baratas y eficaces con las que cuentas y no deberías limitar su consumo por temores infundados.

Además la biodisponibilidad de la proteína del huevo es mayor en los huevos enteros que en la clara, por lo que conviene que le pierdas el miedo a echar unas cuantas yemas a tu tortilla.

Así que olvidate de la cantinela de los huevos y el colesterol. Recuerda que no hay ni una sola prueba o estudio que avale la teoría de que los huevos son perjudiciales para tu salud.

Toma cuantos quieras. Sin abusar, como con cualquier otro alimento. Pero con total tranquilidad.

Mito nº3: Si dejas de entrenar, el músculo se convierte en grasa

Vamos a ser claros. Si esta afirmación se presentara a un concurso de estupideces ganaba de calle.

El músculo es músculo. La grasa es grasa.

Son dos tipos de tejidos distintos.

No pueden transformarse el uno en el otro.

¿Puedes tú convertirte en un elefante o una vaca porque comas mucho?

No. Seguirás siendo humano. Gordo tal vez, pero humano.

Pues esto es lo mismo.

La grasa podrá aumentar o disminuir en tu cuerpo. Pero no dejará de ser grasa.

Y lo mismo ocurre con el músculo. Esté más desarrollado o menos, será musculo siempre.

Lo que puede cambiar es tu composición corporal. Es decir el ratio de tejido muscular vs tejido graso.

Si estás acostumbrado a darle a tu cuerpo una cantidad tal de calorías como para que cubra sus necesidades básicas y además construya músculo, lo hará mientras lo entrenes.

Si dejas de entrenar tus músculos pero sigues comiendo igual, tu organismo se encontrará con un remanente de calorías al que no tiene una utilidad real que darle.

¿Y qué haces cuando tienes algo y no lo utilizas? Lo guardas.

Eso hace tu cuerpo. Y por eso es por lo que engordas si dejas de ejercitarte y sigues comiendo lo mismo.

¿La solución? Adaptar tu ingesta calórica a tu nueva situación, mucho menos activa.

Sencillo, ¿no?

Gastas menos, comes menos.

Pero hazte un favor a ti mismo.

Deja de hacer el ridículo. No vuelvas a repetir disparates de este calibre.

Mito nº4: Los batidos de proteína son malos

La frase típica de cuando te encuentras a un amigo al que no ves hace tiempo y le dices que llevas unos meses en el gimnasio es:

“¿Pero tú no tomarás batidos de proteínas y porquerías de esas, verdad?”

Dejando al margen mi opinión sobre el cenutrio de tu amigo, si todavía opinas como él debes de haber vivido en una cueva todo este tiempo.

Todos los alimentos contienen, en mayor o menor medida, 3 tipos de macronutrientes: carbohidratos, proteínas y grasas.

Los batidos de proteínas son, como su nombre indica, compuestos alimenticios especialmente ricos en uno de ellos. Las proteínas.

No son drogas. No son productos químicos perjudiciales. Son nutrientes.

Se extraen de fuentes naturales, como la leche, los huevos, la soja o los productos cárnicos.

Simplemente se presentan en un formato distinto y mucho más eficiente, ya que son más fáciles de digerir y no aportan un exceso de calorías.

El hecho de que vengan en un bote de llamativos colores en lugar de presentarse en forma de filete no los hace un peor alimento.

Y además, normalmente contienen otros ingredientes que te ayudan en tu objetivo de crear masa muscular, como la creatina o los BCAA´s.

Por tanto, no son sólo un alimento, sino que son un alimento de gran calidad.

Mucho más sano que comerte una ristra de morcillas o chorizos parrilleros. Tenlo por seguro.

Y esos, tu amigo se los mete entre pecho y espalda sin el menor remordimiento.

Mito nº5: Consumir carbohidratos por la noche engorda

Este es uno de los mitos más extendidos, y no es extraño que así sea.

Mientras otras afirmaciones no tienen base científica alguna, es una realidad comprobada que los carbohidratos que el cuerpo no utiliza como energía, se acumulan como grasa.

Partiendo de ese hecho real, mucha gente cree que comer carbohidratos a últimas horas del día te hace engordar, ya que, en teoría, una vez que vamos a dormir ya no gastamos calorías.

Y es aquí donde la teoría hace aguas.

Tu cuerpo no es una máquina que cuando se va a descansar la desenchufas y listo.

La realidad es que el cuerpo sigue activo, tal vez en menor grado de actividad, sí, pero sigue necesitando energía para mantener tus funciones vitales.

Por lo tanto, aunque creas que esos carbohidratos que comes por la noche no se gastan, lo cierto es que no es así.

De hecho, si entrenas, es por la noche cuando el cuerpo realiza todo el trabajo de reparación celular, por lo tanto, creer que simplemente “desconecta” el consumo de calorías es un error.

¿Significa eso que puedes consumir tantos carbohidratos como quieras por la noche sin engordar?

No exactamente.

Lo que significa es que la posibilidad de engordar está más vinculada a la cantidad de carbohidratos que consumas que a la hora a la que lo hagas.

Los carbohidratos  consumidos:

Si no comes ningún carbohidrato a lo largo del día, y los consumes por la noche, tu cuerpo los utilizará como energía, siempre que el total de tu ingesta de calorías no supere tus requerimientos.

Por lo tanto, comer carbohidratos por la noche no engorda.

No hay una relación directa entre ambos factores, como demuestra este estudio de 2011.

En él, dos grupos de personas consumían los mismos alimentos y calorías, pero mientras un grupo tomaba el 80% de sus carbos durante el día, el otro los ingería por la noche.

Al cabo de 6 meses, el grupo que había consumido carbohidratos por la noche había perdido más grasa y peso que el que los consumió durante el día, además de tener una menor sensación de hambre.

Por lo tanto, si no quieres engordar, deja de preocuparte por cuando comes los carbos y empieza a controlar que tu consumo diario de calorías no exceda tus necesidades.

Es ahí donde tienes que poner el foco.

Bonus: “No quiero ponerme muy grande”

Vale chaval. No te preocupes que para este año no te inscribiremos en el Mr Olympia. Ya si eso, lo dejamos para el próximo.

¿Cuantas veces has oído a alguien responder así cuando te explican el motivo por el que no se apuntan a un gimnasio?

No quiero hacer sangre. Pero el término ignorante se les queda corto.

¿De verdad te crees que por coger cuatro pesas vas a ponerte como los profesionales que participan en competiciones a nivel mundial?

Esas personas no sólo llevan un montón de años entrenando muy duro y dedicando su vida por completo al culturismo.

Además tienen una genética privilegiada.

Es decir, aunque replicaras todas y cada una de sus acciones, muy probablemente no conseguirías ni la mitad de sus resultados.

O sea que si tu razón para no apuntarte al gimnasio es que “No quieres ponerte muy grande”, no te preocupes porque eso es algo que no va a suceder.

Y haz el favor de tener un poco de respeto por los que se lo curran mientras tú pones excusas baratas, zampabollos.

Conclusión

Ya hemos visto 5 de los mitos más comunes entre la fauna de gimnasio pero también entre la gente de a pié.

Y es que nuestro deporte tiene una especie de estigma que parece perseguir a sus practicantes:

no puedes estar fuerte y a la vez ser una persona sana ,inteligente o formada.

Si tienes músculos debes ser tonto. O tu salud va a resentirse tarde o temprano. O eres un ciclado de mierda.

Esas son las únicas opciones que contemplan.

Por eso en muchos casos son los primeros en mantener vivas y dar pábulo a las falsas creencias.

Esto es, en la mayoría de casos, resultado de la incapacidad de algunos por asumir que hay personas que desean mejorar y se esfuerzan por ello.

Esas personas son el espejo en el que no quieren ver reflejada su pereza o mediocridad.

Por eso tratan de minusvalorar su esfuerzo y disciplina.

El mejor ejemplo de esta actitud, es la que se refleja en el bonus especial que te hemos mostrado.

La frasecita que te dicen los que no pisan un gimnasio ni hartos de vino.

Pero claro, ya has visto por qué no lo hacen.

No es porque no quieran machacarse, sudar, ni hacer grandes sacrificios para conseguir un cuerpo que todos envidien.

No es por eso.

Es porque no quieren ponerse muy grandes…

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